martes 4 de agosto de 2009
los mismo a mitad del año
De nada sirve vivir tanto si se comenten los mismos errores. Creo que he caído en todos y cada uno de mis viejos equívocos y manías. La posibilidad de no encontrarme en este mundo, me aterra. ¿Por qué no nació mi alma prendada de otro idioma? Canetti se pregunta con frecuencia esto refiriéndose al inglés. ¿Qué hay detrás de mis miedos, mis carencias, mis faltas? Perderla se ha convertido en una fobia increíble; pero y si me atrevo, si me atrevo a olvidarla ¿para qué? ¿Para demostrar que soy infinitamente problemático? ¿Qué soy artero y conflictivo? Entonces, si soy de esa forma tan animal y absurda ¿qué tengo yo sino aire disuelto, grumos de pasta venidos a menos, sonidos sordos? Al parecer para ella no tiene peso el pasado y para mí es tan, tan pesado. Ella dice que es darle demasiada importancia. ¿De verdad la tiene? Soy paranoico. Siempre lo he sido. Sin embargo, aquí hay algo más que eso ¿por qué no me convenzo de que no es así, de que todo está bien, que hay detrás de todo este preguntar por ese antiguo hombre que no figura en esta historia más que cuando ella lo menciona? Ella me dijo: me desgasta esta discusión. A mí me desgasta que ella, un día cualquiera lo traiga a colación y todo se colapse. Creo, que al final, no estoy convencido de que ella está conmigo y me duele.
jueves 5 de febrero de 2009
Instrucciones-manual para olvidar a una mujer traidora
(remix Abraham Ángel)
(intento de olvido G.C.)
(intento de olvido G.C.)
Es necesario estar desnudo ante un espejo con los ojos en plan marítimo
a) Una hoja de roble sobre el costado izquierdo
b) Con los dientes apretados
c) El aullar lejano de alguna máquina
d) La noche y la lluvia en la ventana como un cromo
e) (pensar en Lucien Freud)
Vendrán los recuerdos; vendrán las rabias; su velo de campos perfumados; vendrán aquellos dolores y el recuerdo de él, del otro (desconocido) que la toca y pacta (“nos veremos los sábados”, por ejemplo) y la besa mientras uno duerme un plácido sueño lejos de ella (otro estado)
a) Una copa rota y un vino de caja
b) Una habitación sucia
c) Moho
d) Cigarros en el cenicero repleto
e) Cabellos enredados con el polvo
f) Una pila de películas sobre el televisor encendido
g) Compras por televisión
h) La sonrisa de los presentadores
i) Media noche
j) Dos de la mañana
k) Una película que hará dormir
l) La luz del televisor conjugando su manía en el rostro
Llegará en un abrazo la pérdida (un veneno). Entonces, esto es necesario,
1. Se unta el vino en la garganta
2. se untan los cigarros bajo los ojos y el humo se huele hasta la asfixia
3. Se camina por el departamento, cuatro de la mañana, cinco, de aquí para allá
4. Se unta el moho en el pecho, se tose
5. Se sostiene la cabeza con la mano
6. Se extrae de los ojos el agua de mar que ha llegado con la lluvia
7. (Se piensa en Francis Bacon)
Entonces el departamento se encoge. El estómago se empala y la cabeza duele parecida al zumbar de insectos.
a) La computadora encendida
b) Algunos párrafos
c) La música suena
d) El frío marcha y se queman las naves
e) Un grito
f) El cuerpo de flácidos conejos
g) Pensar en un barco que se va, abandonándonos
h) Otro grito
i) (pensar en Egon Schielle)
Aparece el sol y el ruido de los autos (nuevas aves). El lugar se presta en leste y silencio. Llega de nuevo aquel pacto, él y ella, el sueño lejano y la sonrisa tarada. Llega de nuevo aquella envidia vestida de heno y el olor de aquellos abrazos que no dio, ni dará. El sonido de la puerta, los pasos de los otros sobre el techo. El estómago que es tocador de luciérnagas. Vuelve el aleteo que trae el mareo del ignoto, el pobre, el tonto, el engaño, el lerdo, el sodomita, el rastrero, el que no existe, el que no habla, el que no tiene entre las muelas aquel gen. Vuelve la mordida bajo la lengua, su sonrisa y un débil te quiero o te amo en medio de un hotel clandestino; y con ello regresa el corazón que estalla y los futuros ingenuos. Regresa cada palabra de la despedida y el serpentario de que se enreda (esos dientes de ramas)
1. Se unta la garganta con el vino
2. Se decide no ir a trabajar
3. Se decide no ir a trabajar jamás
4. Se decide no verla nunca
5. Se decide cambiar de rumbo
6. Se decide comenzar de nuevo
7. Se decide explorar otros mares
8. Se decide olvidar
Luego amanece y no hay vino y se toma agua, lo que sea. Llenar ese hueco, llenarlo con humo o con vino o cigarro o hiedra o calidra o manzanas. Se hunden las manos en los cabellos y los ojos afiebrados se simulan con gotas y el baño sin gas aparece y el agua, helada, sale y toca el cuerpo, un trance entre lágrimas y bostezos y caras largas frente a un espejo que es un Antoni Tapiez. El lodo de la loza comparado con su felicidad, con su emoción, con su sonrisa que jamás le podría pertenecer a este cuerpo ya cansado de batallas. El estómago tocador de iguanas.
a) Cama revuelta
b) Bajo la sábana la orgía de los ácaros
c) El televisor encendido
d) La luz del sol por la ventana lo contagia todo
e) La misma ropa, el mismo olor, el mismo
f) El estómago vacío
g) El último cigarro
h) (pensar en Odd Nerddrum)
Afirmar cierta dignidad que no se tiene. Aceptar que es el orgullo el que palpita. Aceptar que se ha perdido el rumbo. Llegar plenamente a la conclusión de que somos menos que almejas, hierbas o tierra, que para la otra persona, para ella, somos menos que un rumor, que un cohete lanzado en la fiesta de Santiago. Aceptar que a sus ojos aparecemos ridículos, Una esfera rota en enero.
a) Pero ¿cómo?
b) ¿Cómo?
c) ¿Cómo aceptar que se ha perdido?
d) ¿Cómo aceptar que los planes han salido mal?
e) ¿cómo aceptar que otro (él) tiene aquello que ella vibra, que ella sonríe, que ella toma, que ella radiante lo acepta sin preámbulo?
f) ¿Cómo aceptar que eso, aquello que sientes por ella lo siente por él y no por ti, borracho y resfriado en tu cuarto mohoso, lapidado de sábanas sucias, repleto de películas sin ver, bañado con el agua helada, sin comer, sin ganas de trabajar, sin solvencia, sin sueños, sin futuro?
Reivindicar tu personalidad. La desazón y la nostalgia. No jugar aquel juego. Cambiar un poco de mentalidad (lo que eso signifique) y beber cerveza. No pensar en ella y seguir el largo y agotador camino que iniciaste hace mucho tiempo hacia tu destrucción.
a) Una hoja de roble sobre el costado izquierdo
b) Con los dientes apretados
c) El aullar lejano de alguna máquina
d) La noche y la lluvia en la ventana como un cromo
e) (pensar en Lucien Freud)
Vendrán los recuerdos; vendrán las rabias; su velo de campos perfumados; vendrán aquellos dolores y el recuerdo de él, del otro (desconocido) que la toca y pacta (“nos veremos los sábados”, por ejemplo) y la besa mientras uno duerme un plácido sueño lejos de ella (otro estado)
a) Una copa rota y un vino de caja
b) Una habitación sucia
c) Moho
d) Cigarros en el cenicero repleto
e) Cabellos enredados con el polvo
f) Una pila de películas sobre el televisor encendido
g) Compras por televisión
h) La sonrisa de los presentadores
i) Media noche
j) Dos de la mañana
k) Una película que hará dormir
l) La luz del televisor conjugando su manía en el rostro
Llegará en un abrazo la pérdida (un veneno). Entonces, esto es necesario,
1. Se unta el vino en la garganta
2. se untan los cigarros bajo los ojos y el humo se huele hasta la asfixia
3. Se camina por el departamento, cuatro de la mañana, cinco, de aquí para allá
4. Se unta el moho en el pecho, se tose
5. Se sostiene la cabeza con la mano
6. Se extrae de los ojos el agua de mar que ha llegado con la lluvia
7. (Se piensa en Francis Bacon)
Entonces el departamento se encoge. El estómago se empala y la cabeza duele parecida al zumbar de insectos.
a) La computadora encendida
b) Algunos párrafos
c) La música suena
d) El frío marcha y se queman las naves
e) Un grito
f) El cuerpo de flácidos conejos
g) Pensar en un barco que se va, abandonándonos
h) Otro grito
i) (pensar en Egon Schielle)
Aparece el sol y el ruido de los autos (nuevas aves). El lugar se presta en leste y silencio. Llega de nuevo aquel pacto, él y ella, el sueño lejano y la sonrisa tarada. Llega de nuevo aquella envidia vestida de heno y el olor de aquellos abrazos que no dio, ni dará. El sonido de la puerta, los pasos de los otros sobre el techo. El estómago que es tocador de luciérnagas. Vuelve el aleteo que trae el mareo del ignoto, el pobre, el tonto, el engaño, el lerdo, el sodomita, el rastrero, el que no existe, el que no habla, el que no tiene entre las muelas aquel gen. Vuelve la mordida bajo la lengua, su sonrisa y un débil te quiero o te amo en medio de un hotel clandestino; y con ello regresa el corazón que estalla y los futuros ingenuos. Regresa cada palabra de la despedida y el serpentario de que se enreda (esos dientes de ramas)
1. Se unta la garganta con el vino
2. Se decide no ir a trabajar
3. Se decide no ir a trabajar jamás
4. Se decide no verla nunca
5. Se decide cambiar de rumbo
6. Se decide comenzar de nuevo
7. Se decide explorar otros mares
8. Se decide olvidar
Luego amanece y no hay vino y se toma agua, lo que sea. Llenar ese hueco, llenarlo con humo o con vino o cigarro o hiedra o calidra o manzanas. Se hunden las manos en los cabellos y los ojos afiebrados se simulan con gotas y el baño sin gas aparece y el agua, helada, sale y toca el cuerpo, un trance entre lágrimas y bostezos y caras largas frente a un espejo que es un Antoni Tapiez. El lodo de la loza comparado con su felicidad, con su emoción, con su sonrisa que jamás le podría pertenecer a este cuerpo ya cansado de batallas. El estómago tocador de iguanas.
a) Cama revuelta
b) Bajo la sábana la orgía de los ácaros
c) El televisor encendido
d) La luz del sol por la ventana lo contagia todo
e) La misma ropa, el mismo olor, el mismo
f) El estómago vacío
g) El último cigarro
h) (pensar en Odd Nerddrum)
Afirmar cierta dignidad que no se tiene. Aceptar que es el orgullo el que palpita. Aceptar que se ha perdido el rumbo. Llegar plenamente a la conclusión de que somos menos que almejas, hierbas o tierra, que para la otra persona, para ella, somos menos que un rumor, que un cohete lanzado en la fiesta de Santiago. Aceptar que a sus ojos aparecemos ridículos, Una esfera rota en enero.
a) Pero ¿cómo?
b) ¿Cómo?
c) ¿Cómo aceptar que se ha perdido?
d) ¿Cómo aceptar que los planes han salido mal?
e) ¿cómo aceptar que otro (él) tiene aquello que ella vibra, que ella sonríe, que ella toma, que ella radiante lo acepta sin preámbulo?
f) ¿Cómo aceptar que eso, aquello que sientes por ella lo siente por él y no por ti, borracho y resfriado en tu cuarto mohoso, lapidado de sábanas sucias, repleto de películas sin ver, bañado con el agua helada, sin comer, sin ganas de trabajar, sin solvencia, sin sueños, sin futuro?
Reivindicar tu personalidad. La desazón y la nostalgia. No jugar aquel juego. Cambiar un poco de mentalidad (lo que eso signifique) y beber cerveza. No pensar en ella y seguir el largo y agotador camino que iniciaste hace mucho tiempo hacia tu destrucción.
lunes 2 de febrero de 2009
Terrible
Sí, el esperado golpe de ella. Debía ser así. No había muchas posibilidades de nada. Recuerdo esta sensación, este hervir la vísceras, este ocre entre los labios y el miedo a la casa vacía, el temblor de la piel ante la casa oscura y solitaria al final de la calle. Las lágrimas al filo de las pestañas decoradas por el temblor de la noche. Esos besos no dados y los huesos que se desmorronan en un autismo de grava y pájaros. Creer. Me han dicho que nunca creo, que nunca propongo, que nunca nada. Había dejado de pensar lo peor, de ser un amargo, de creer que la vida es una gran mierda; lo había hecho equivocadamente. No tengo por qué ponerme así, eso es verdad, mucha personas me valoran por lo que soy ¿por qué a ella le cuesta tanto trabajo? Es verdad que no soy el hombre para ella, es verdad que mejor me largo y centro todo lo que tengo que dar en mis proyectos. Ya no pretendo compartir nada. No quiero. Una vez más regreso al ostracismo. Una vez más lucharé por mí, para mí. Me largo con el corazón hecho mierda una noche de febrero. Sin hombros con los que pueda llorar. Sin armas. Me siento terrible.
viernes 9 de enero de 2009
todo el olor del mundo
Cansado. me duele la espalda. quiero beber. el miércoles bebí mientras escribía. tomé vino tinto. escribí mucho, toda la noche. el día llegó con su frío. No cerré los ojos hasta las siete de la mañana (lo celebré delicadamente). la novela ha tomado su camino, su propio camino, eso es bueno, me preocupaba que no lo hiciera, pero lo hizo. Aparente calma. No he podido dormir. leo hasta fulminarme. Gabriela se hace presente una vez más y lo inunda todo. Me han invitado a leer a Bellas artes, me dio mucho gusto, de seguro fue Chimal el que dio mi correo. Ahora mando correos a editoriales y bandas para que estén en el programa. He pensado mucho. Hace dos días que no me baño. No tendo gas. Soñé que mi cuerpo se llenaba de un lunar negro inmenso, lleno de granos. Me asusté. siento que poco a poco voy perdiendo control sobre mi cuerpo. Creo que esa es la enfermedad, perder el control sobre el cuerpo. No saber que dentro de uno florece una civilización de parásitos y bacterias y de repente sentir que uno no controla un brazo, el crecimiento desmedido del hígado, el temblor del párpado. Cada vez como peor. Sólo una vez al día. De alguna manera me preparo para la sequía (unque no trato de pensar en ello). gabriela escribió algo demoledor en su blog. Nunca pensé que ella sintiera eso, eso que yo he siento durante tanto tiempo. Ella ha sido esa referencia exacta que ha impedido que caiga. Conocerla fue un impuslo violento por no caer, por no dejarme al arrojo de caos. Ella es una tangente dirigida, sabe donde está y a dónde va, eso me fascina, verla caminar hacia lo que pretende y quiere. Al verla recuerdo lo que sentí cuando de niño miré por primera vez un rinoceronte (hermoso mineral mecánico); nunca olvidaré con que maravilla lo vi caminar. Aún tengo el brillo de su piel y su tamaño en los bordes de la lengua; ahí conservo esas complicadas relaciones de la memoria. Así veo a Gabriela, con esa maravilla, con el alterado rumor del encanto, del miedo. cuando la veo no puedo esconder una sonrisa. Siento que mi vida cambiará ejemplarmente. Mi cuerpo ya no resiste demasiado. A veces recuerdo mi vida y siento que he vivido tanto, he dicho tantas palabras, he conocido a tanta gente, tantas ciudades, tanta casas, baños públicos, tantas botellas de cerveza, tantos vasos, tantos asientos de autobús, tantos callejones y pasos perdidos. he tenido tantos sueños, tantos anhelos, tantas novelas truncas, tantos amargos momentos, me he reído tantas veces. Creo que Gabriela es lo último hermoso que he de conocer, un premio a una vida alterada y esquiva. Me voy a beber, leve, quiero ver el amancer satinadamente sobrio.
jueves 1 de enero de 2009
el retorno fúnebre de los lejanos
Primer texto del año. sólo silencio. ya es hora de largarme a ensayar. El fin de semana bebí como un cerdo y me gustó, me gustó verme tirado en la calle, en la pila esperando el bus mientras un desconocido trataba de despertarme porque estar ahí era peligroso. Me gustó verme arrojado en los orinales de los burdeles, con la bragueta abierta, mientras intentaba escribir un mensaje impreciso a cualquier parte. Entonces este año se ha ido a la mierda como siempre se ha ido todo. el alcohol ha reinado por siempre estas ruinas y ha hecho de ellas su única y precisa estampa. Las mujeres me miran por la calle y hacen su mueca de asco. Les sonrió. No tienen nada que ver con la caída. Ahora estoy solo. Laiza está bien. Me ve con esos ojos enormes que parpadean entre las hierba. Ilumina. Hemos hablado, todo está bien, lejanos, pero certeros. No queremos dañarnos. Lo intentamos. la vida sigue su cauce normal. El desenfreno que surgue entre las bestias y me desproporciona. ahora tengo sueño. Mi hermano se ha fugado del centro de rehadaptación. está en casa contaminándolo todo. Hay personas a las que no quiero ver este año, que se han vuelto indeseables para mí. Tengo esa nueva sensación. La tarde es la espalda de Gabriela, fría y sin radas, escarcha de antiguas navidades.
miércoles 22 de octubre de 2008
La fiebre y la cicuta
Se fue el fin de semana como se van las moscas tras la mierda. La palabra maravilla no termina de gustarme, pero sé que he quedado maravillado. Deslumbrado entre las capas de luz que su cuerpo puede segregar como una fruta. Y sí, el fin de semana pasó como pasan los ojos de los oficinistas por las tetas de las secretarías (honestamente y veloces como una bala). Gabriela apareció de nuevo y la tierra se abrió (al menos la tierra de mis manos y mi cuerpo y mi cabeza regordeta) y el tiempo (esa mancha sin sentido) desplegó las medias sobre el buró para dejar entrar el miedo y el deseo y la inconformidad de este mundo infecto.
Sentí entonces que ya no figuraba entre nosotros aquel espacio en blanco que nos separa y nos mantiene alejados y de espaldas (Magritte se ha quedado corto). Me equivoqué. La distancia continua ante nosotros, es un escalpelo de hierba que nos impide, que nos separa.
A veces lloro sin querer. La imposibilidad, el dolor de no poder. La agonía que se repite, una oración atribuida al desasosiego. Ella se aleja con saña, con cierta inevitable malevolencia. No sé cuanto soportaré, cuando podrá soportar mi cuerpo aquellas yagas. En realidad, las ventanas del mundo se me cierras como gargantas inflamadas. Nunca pensé que fuera tan difícil, tan turbio.
El fin de semana se largó como se largan las putas beliceñas en un hotel junto a la playa. Pasó tan rápido que apenas una espina se clavó en la pierna, en algún lugar del brazo, en cualquier parte. Gabriela, que se inunda y se desborda en una lejana bahía a la cual nunca llegaría con vida, cerró los ojos bajo una luna carnívora, a mitad de los muebles del mundo, cual daga, cual guillotina, cual arma sanguinaria, cual toxina entre las uñas y los párpados.
martes 7 de octubre de 2008
Fin de semana
El fin de semana fue turbio y octasílabo. Fuera de tiempo en este tiempo que lucha desesperadamente por pertenecer, por permanecer aquí, sin perderse. Un bypass, un paro cardiaco o una instancia fuera del calendario cívico. No existió la realidad, las 24 horas comunes, el tiempo que se desliza como un lagarto. Hubo, en cambio, una torva animal que recorría los segundos que no eran, las trampas que no eran. Arriba de una flor que no existía en realidad, se suponía sobre el vapor del alcohol y el fuego del cigarro (esa brisa). No supe (como nunca sé) el contrapunto en el que se movió la melodía, su acelerado paso, su girar hacia la nada en un hueco que más parecía Mr. Hole de Berkowitz. Surgió de repente como anhelo y fue una revolución tal, un impacto tal, que me recordó la vez que me rompieron el brazo en una pelea en la secundaria, una pelea que yo no inicié y me tocó. La recuerdo. Así fue el deslumbramiento, así fue la llegada de ese tifón de fuego que ahora reposa estancando en mis labios, en mis brazos, en mi cuerpo de torpe topo turbio. Y entonces nadie puede negarme esa noche. Ni mi madre que fue a mi casa la mañana del lunes 6 de octubre después de meses sin verla y me dijo que no tomara, que no cagara mi vida así, que no me dejara caer como antes, que no me desvaneciera en ese tul que en mi vida ya ha estado raído. Le dije que sí para tranquilizarla y en cierto momento me convencí de ello. Traté de vender mi usb por dos pesos en un lugar de Calix, completamente ebrio, completamente sucio; sólo quería regresar a casa, que es, por mucho, el fin del camino y dormir, que es, al fin, el reposo del deseoso. Esa mañana no hablé solo como la mañana de octubre de 2007 cuando hablaba solo camino a casa mientras recordaba a no sé quién. Es ganancia.
Pero ese fin de semana fue revelador, terriblemente revelador (ver una Furia). Gabriela se plató como una profecía aterradora, como el anuncio de mi muerte, el augurio de que estoy entregado a consumirme, a largarme de mi cuerpo, a perderme. No tengo miedo. La veía luminosa dentro de una cueva pestilente, sucia, cercana al sismo que regurgita, al pájaro mecánico de Elizondo, al nervio de los árboles (las manecillas de las estrellas y su vómito). Yo sé que terminaré desahuciado, con otro brazo roto, con las uñas trizas; aún así no importa. Al menos, sobre todas las noches y todas las eras y todos los castigos (que supongo nunca vendrán) esa noche fue mi noche, escribimos esa noche, lo hicimos con letra palmer en la hoja en blanco del futuro.
Ahora por momentos me duele la cabeza, me sudan las manos y dejé el trabajo del redalyc para trabajar en la novela. Aún recuerdo esa cercanía que abría los mundos.
Pero ese fin de semana fue revelador, terriblemente revelador (ver una Furia). Gabriela se plató como una profecía aterradora, como el anuncio de mi muerte, el augurio de que estoy entregado a consumirme, a largarme de mi cuerpo, a perderme. No tengo miedo. La veía luminosa dentro de una cueva pestilente, sucia, cercana al sismo que regurgita, al pájaro mecánico de Elizondo, al nervio de los árboles (las manecillas de las estrellas y su vómito). Yo sé que terminaré desahuciado, con otro brazo roto, con las uñas trizas; aún así no importa. Al menos, sobre todas las noches y todas las eras y todos los castigos (que supongo nunca vendrán) esa noche fue mi noche, escribimos esa noche, lo hicimos con letra palmer en la hoja en blanco del futuro.
Ahora por momentos me duele la cabeza, me sudan las manos y dejé el trabajo del redalyc para trabajar en la novela. Aún recuerdo esa cercanía que abría los mundos.
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