viernes, 18 de abril de 2008

ayer


Ayer bebí de nuevo. No quiero llegar al punto de donde empecé. Tomar todos los días, uno tras otro sin parar. No me siento bien. Camada Maldita de Ariceaga me dejó una profunda herida. No quiero perderme. No quiero caer de nuevo y trabarme y detenerme y regresar al ocio desmedido, al rencor. Ahora estoy en el trabajo y siento el hueco del alcohol, como un árbol fulminado por un rayo. Necesito una cerveza para levantarme, sólo una cerveza para no perder la cordura, para que mi cuerpo se recupere…para que este cuerpo turbio se constriña y me deje en paz.
(Escucho a Kalean, una banda española de los ochentas: “dime que es lo que crees ver, dime que es…” trato por todos los medios de no quedarme dormido)

Traje unos lentes negros, nunca he usado lentes negros; pero era inevitable, mi cara estaba deforme: mis pequeños ojos de tapa rosca. No encuentro la canción de Kalean que me gusta.
He comenzado a temblar. Mis piernas se mueven sin control: sentirse manejado por una fuerza superior, como en un atropellamiento: la brutalidad del golpe, el poder absoluto del auto a toda velocidad y el cuerpo manipulado por la brutalidad de la física, de la naturaleza salvaje y desmedida: Una fuerza que no se contiene, que el cuerpo no puede contener. El mar.
Me dan miedo los movimientos involuntarios: Parkinson: Epilepsia. Lo ajeno al cuerpo. Dos habitantes donde uno le estorba, irremediablemente, a otro. He comprendido la inestable relación que tengo con el cuerpo. Con la presencia engorrosa de mis desnudez y la de los demás. Me he dado cuenta que nunca estoy desnudo, que nunca me contemplo, que siempre me cubro, que me incomoda estar en el vapor. El malestar de la desnudez.
Cuando Laiza camina desnuda por la casa la miro con cierto encanto, pero me incomoda verla contrastar el orden del departamento con su piel enormemente blanca y luminosa. Me incomoda la desnudez, el contacto de los cuerpos, tan absurdo y antihigiénico (higiene en el sentido del orden).
No puedo hacer otra cosa mas que batallar contra el sueño, luchar con todas las armas del ideario castrense. Combatir en contra de mi cuerpo. Contar los minutos. Escuchar "out there" de Dinosaur Jr. Tratar de escribir el libro para niños. Tratar de hablar, de no comprometerme, de no caminar.
Un día en la oficina.

2 comentarios:

Brenda dijo...

Tuve uno y lo deshice, lo mandé a la mierda, quizá por temor a ser vista. No sé... un ataque de pánico. Este me gusta, tan visceral, desprendido, cercano a nada y todo y luego un sueño profundo de ganas de seguir. Raro...
Seguiré viendo, para mirar cómo te levantas y sigues caminando, porque la vida pasa mi buen!

Rolando dijo...

Ese So, garganta que vuelca tragos sin parar hasta embrutecer el ser y encontrarse nauseabundo el individuo de alma desnuda¡¡

Oh deguste del delirio a paz del ser¡